Tengo una manía muy curiosa: Amo el sabor/olor/combinación de pasta dental con cigarro. Ya sea lavarme los dientes y después fumar o aún mejor que un hombre me bese, apasionadamente, para sentir en toda la boca esa de-li-ci-o-sa combinación.
Hace años no tocaba un cigarro, pero hoy, después de una fiesta una amiga dejó su cajetilla en mi bolso. No pude evitar la tentación y caí, porqué así es el cigarro después de todo ¿no? adictivo.
Por supuesto después de descubrir la cajetilla corrí a lavarme los dientes para enseguida prender aquel cigarrillo, ¡ah, había olvidado el sabor a gloria! (?) Y así sin más llovieron recuerdos, sensaciones, momentos. Un flash-back tremendo de seis años.
En diez minutos regresó mi adicción. No al cigarro, a él. Y sí, por unos minutos lo extrañé ¿y lo peor? añoré. Fui quien se consumió.
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